Hasta la muerte de mi alma
Aquí estoy otra vez, sumido en mi propia intolerancia, sumido por mis propias amarguras, sumido en mi recuerdo del ayer olvidado, sumido en mi apasionado odio, sumido en mi dolor ardiente, sumido en mi caprichoso martirio que espera ser liberado y sobre todo sumido en tu maldita obsesión por mí. Sentado y tal vez con solo una pisca de esperanza, me encuentro otra vez atrapado, atrapado en tu incontrolable arrebato de emociones bipolares, emociones sin cordura, emociones cortantes, emociones que golpean cada neurona de mi ser, emociones que destrozan mi alma, emociones que te asfixian contantemente y matan nuestro futuro, ya muerto. Todo da vuelta ahora, no sé si esta será la última vez que intento esto, no lo sé. Lo único que tengo claro es que esta vez no podrás alcanzarme.
Aquí estoy otra vez, sin saber cómo escapar de mi propio suplicio, sin saber cómo escapar de ti, si saber cómo matarte sin matarme a mí, sin saber cómo voltear la página sin tu marca hierro incandescente sobre mí y sobre todo sin saber cómo exterminarte definitivamente de mi vida. Eres solo un vil insecto molesto que perturba mi sueño constantemente. Cabizbajo y con lágrimas en los ojos, me encuentro agarrando las cuerdas que me liberarán del grillete que te dejé ponerme. El grillete que una vez fue lo más preciado que tenía de tu ser y que mostraba con tanto orgullo a tu lado, porque representaba que te pertenecía totalmente.
Aquí estoy otra vez, ahorcándome para escapar de tu amarga presencia, hiriéndome para evitar sentir el dolor de volverte a ver, asfixiándome porque sé que solo muerto podré parar esta encrucijada de emociones que atropellan mi mente y no dejan nada más que rastros de piel y sangre regados en la pista.
Aquí estoy otra vez, mintiéndome y tratando de ocultar mis verdaderos sentimientos, tratando de ocultar las emociones que aun despiertas en mí, tratando de ocultarme a mí mismo se la faz de esta maldita tierra. No soporto la idea de que a pesar de todo el dolor e ira que constantemente has provocado en mí, no puedo odiarte; es por ello, que me odio a mí. Odio no poder bórrate de mí ser, odio no poder odiarte como te mereces y sobre todo odio seguir amándote. Amándote de esta forma tan asfixiantemente bipolar, amándote a pesar de todo el daño que nos ocasionamos, amándote incondicionalmente y sin medida. Amándonos de esta forma tan extraña que tenemos: al borde del suicidio. Sentado y tal vez con solo una pisca de esperanza, me encuentro sabiendo de que a pesar que estoy a punto de matarme solo pienso en ti y no logro sacarte de mi mente. Tu nombre está grabado incandescentemente en mi piel, porque soy solo tuyo. Leyda, amada mía, te amaré hasta la muerte de mi alma.
Aquí estoy otra vez, atrapado y sin salida, sabiendo que nunca te dejaré de amar.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada